Foto: Revista 15 Minutos.

Hace un par de horas, veía las historias en instagram de una amiguita que se está postulando a un concurso de belleza. Ella hablaba sobre la bondad y la generosidad, y cómo éstos son atributos de una “reina” (de belleza, claro…); y no pude evitar quedarme pensativa sobre la cuestión, ya que, a mi modo de ver, los concursos de belleza son meramente performativos: lo que se crea en la mujer es un personaje, la reina. Y muchas veces, poco tiene que ver este personaje con la realidad de la persona que lo encarna.

La visión de la reina de belleza carismática y noble; de buenos sentimientos, también me parece un tanto problemática en la medida en que el rol que se asume está ligado invariablemente a unas características esperadas socialmente de la feminidad: cuerpos pesados y medidos, encasillados en un ideal estético y de belleza eurocentrado y excluyente; y que además, se ajuste a los estándares de una sociedad misógina, machista y aporofóbica, que fundamenta sus máximos ideales estéticos en la capacidad adquisitiva de quienes participan en este tipo de escenarios.

Para nadie es un secreto que los concursos de belleza requieren un enorme esfuerzo en diversos ámbitos. Es un esfuerzo físico y emocional, además de requerir una ingente inversión de recursos financieros. Todo esto buscando escapar de una imagen de “fealdad” y “baratez” (¿Esta palabra siquiera existe?) que no es admitida por quienes “celebran” la belleza en este tipo de escenarios.

Otros asuntos que también me preocupan, tienen que ver con la limitada concepción de belleza a la que se exponen las mujeres que están (o hemos estado, me incluyo en el asunto) en estos escenarios de exhibición que suelen ser increíblemente mediáticos. La asignación de unas actitudes y bondades en cuanto a la belleza física es sesgada toda vez que no se valoran otros aspectos de la vida de las personas, que pueden ser dignificantes o degradantes, entendidos desde diversos puntos de vista.

La cuestión de habitar el cuerpo sanamente también es un asunto de mi preocupación, porque  que para llegar a estándares tan altos de lo considerado bello, se sacrifican otras cuestiones que tienen que ver con la construcción adecuada de una identidad, la integridad que suponen la salud física y hasta mental y emocional; así como el relacionamiento con lxs demás y la creación de un sistema de prioridades en las personas.

Es innegable por lo demás que el ser humano valora mucho la belleza y siempre ha estado en su búsqueda, pero en ese trasegar, olvidamos otras cosas que también son importantes. Y sigo pensando en la asignación de unas características deseables en las personas, solo teniendo en cuenta sus rasgos físicos. No por nada los cuerpos y cuerpas disidentes representan un problema, porque no pueden ser monetizados sistemáticamente, porque no son atractivos para el capitalismo, porque representan esa fealdad de la que se quiere escapar… y sí, en fin de cuentas esta es una cuestión de publicidad, y por tanto, de dinero.

La reflexión que quisiera dejarles esta tarde, tiene que ver necesariamente con la necesidad de reevaluar nuestra concepción de belleza como un todo; con una visión más holística e integral que nos permita valorar más otras expresiones de la misma.

Y sí, va a ser una cuestión más problemática que el mero “body possitive”, porque es que mirar hacia un lado, hacia las existencias que están al margen, que son disidentes del mainstream. Y para ello, es necesario abrazar estas existencias en su diversidad, lo cual es un asunto que subvierte el status quo y los cimientos de la sociedad de consumo ultracapitalista que nos tiene acostumbrados a estándares que disminuyen nuestra autoestima para hacernos consumir recursos en soluciones que no necesitamos.

Yo quedé con la cabeza rayá, no sé… ¿Qué opinan ustedes…?

*Pd: Ojalá que mi amiga gane el concurso. Le agradezco que me haya dejado pensativa esta tarde...