Hoy hemos llegado a lo último de un año caótico. Quienes hemos podido estar hoy aquí somos afortunados. El mundo es un lugar cada vez más extraño, marcado por el individualismo; la falta de humanidad y de empatía nos ciega y nos ha llevado al límite de lo que separa nuestra racionalidad del instinto salvaje. Y aún así, no todo es malo. Si la humanidad es estúpida, la naturaleza es sabia, y en extremo... La vida es un don preciado, luz del universo que habita con su soplo en cada átomo de materia que nos compone, y aunque no parezca, todo y todos estamos conectados por la experiencia de ser.

Hoy agradezco. Agradezco por ser humana. Por mis errores y mis aciertos. Por mi salud y mi debilidad. Por mis fracasos y aciertos. Por todas las veces que lloré este año. Por todas las incertidumbres de un futuro que no alcanzaba a imaginar. Por todas las veces que sentí mi vitalidad herida por la falta de amor en el mundo. Agradezco por mis luchas y las de los demás. Por las cosas que aprendí (y las que des-aprendí) este año. Por cada persona que tuve la dicha de perder o conservar. Por cada oportunidad, por pequeña que fuera. Agradezco estar hoy, sentada escribiendo estas líneas.

En un mundo atravesado por el egoísmo, la mejor fórmula para vivir tranquilos es confiar. Y la confianza es un acto que determina hasta el simple hecho de tomar aire en tus pulmones al respirar. La consciencia de uno mismo en el universo es un ejercicio de constante repetición. Y estamos aquí simplemente para que el universo en sí mismo sea consciente de su mera existencia. No hay que perder el horizonte. Hay demasiadas distracciones en el camino y nos olvidamos de ser. Pero al final, el sentido de todo se reduce a esto.

Al 2021 le prometo ser más constante, más honesta conmigo misma y más fluida para que, al menos, mi propio mundo (y su pequeñísima esfera de influencia) sea un lugar un poco menos perdido.

Determinar nuestras luchas y encauzar nuestras energías hacia ellas nos da propósito. Creo fervientemente que cada día con su afán es una oportunidad de hacer, crecer y no rendirse. Creo también en el poder del amor como la energía más potente del universo para lograr ser mejores seres, más centrados y en consecuencia, sabientes de nuestro lugar en el universo. No poseemos nada, ni nuestra mera existencia depende de nosotros, ¿Por qué entonces afanarse por cosas sin importancia? Solo hay que ser...

Hoy, con la celebración de la natividad como ritual de amor, solo eso les deseo. Que sea el amor curando y restaurando nuestras vidas. Que sea el amor el artífice de un deseo genuino de vivir en paz, respetando al otrx por su condición de humanidad, condición compartida, por lo demás. Entendiendo que cada vida merece el lugar que gestiona para sí misma y es por eso que necesitamos ser más empáticos y menos inquisitivos. Creo poderosamente en lo último para tener un vividero un poco menos peor.

Y finalmente, ¡SALUD!, porque sin ella, la vida se nos escapa entre los dedos sin que podamos hacer nada por detenerlo. Ojalá que esta pandemia sea la oportunidad de entendernos en nuestra fragilidad y en la merced de la naturaleza que sabe reparase a sí misma sin necesidad nuestra. Ojalá lo entendamos algún día. Ojalá...