A principios de 2018, Mark Zuckerberg, creador de Facebook y dueño de otras plataformas de redes sociales que incluyen la masiva Instagram y la app de chat WhatsApp, anunciaba un cambio en el algoritmo de la red social que pretendía "hacer más social" la plataforma, aumentando las interacciones entre las personas al mostrarte más el contenido que compartían tus amigos y familiares. La decisión se tomó luego de que en Facebook se dieran cuenta de que las personas consumían más contenido público a través de los medios de comunicación que compartían noticias y de las marcas que hacían (y siguen haciendo) publicidad de sus productos y servicios.

¿Por qué estoy hablando del algoritmo de Facebook para comentarles de mi deseo de no ser influencer? Es que necesito ponerles en contexto. A partir del cambio en la plataforma, que obviamente afectaba a las otras redes asociadas a Facebok, la moderación de los contenidos de personas haciendo cosas graciosas o simplemente interactuando con el mundo, se volvió más visible y fácilmente más viralizable. A mi modo de ver, es esta, de muchas formas, la génesis del fenómeno cultural de la web conocido como "los influencers".

La gente empezó a seguir a otras personas luego de que estas se viralizaran por medio de vídeos o situaciones graciosas que publicaban en sus redes, y el resto es historia. Obviamente, la dinámica que desarrolla el personaje "influencer" se venía viendo desde antes, pero empezó a ganar notoriedad luego del cambio en la plataforma que los soporta.

La cuestión de fondo, y la que me ha puesto a reflexionar es la siguiente: ¿A qué cosas está dispuesta una persona para lograr viralizarse, "pegarse", en una red social? Porque es algo evidente que en Colombia, por ejemplo, las personas que se llaman a sí mismas influencers, y que han generado todo un mercado alrededor del servicio que pretenden ofrecer en aras de dinamizar la economía en el ecosistema digital (si es que así se puede decir de estas actividades de promoción y marketing), lo han hecho bajo la dinámicade exponerse, en términos de su privacidad y hasta de su integridad física, para lograr conseguir el tan ansiado like de las masas.

Bajo la lógica del algoritmo, se premia el contenido que más interacciones tenga,no importa si la gente se pasa por tu perfil motivada por el mero morbo o para alimentarse del chisme. Esa premisa del "si van a hablar, que hablen, ya sea para bien o para mal" ha llegado a un siguiente nivel, más absurdo e inexplicable, amparado en el disfraz de un sueño por ser famoso sin importar a qué costo.

Es así como tenemos personajes como la tan nefasta "Epa Colombia" vandalizando estaciones de Transmilenio en el marco de la protesta social, deslegitimando con sus acciones el justo reclamo de masas de colombianos inconformes; o como la famosa instagramer barranquillera (cuyo nombre no quiero mencionar) tragando saliva de otras personas en un vaso, en el contexto de una pandemia de carácter mundial y que se transmite, como es sabido, a través de este fluido corporal.

Mire, yo, usted; cada cual es libre de escoger el contenido que le interesa consumir. Lo realmente preocupante del asunto, a mi modo de ver, es que este es el tipo de referente, caótico por lo demás, con los que están creciendo nuevas generaciones de jóvenes en Colombia y alrededor del mundo.

Ya nadie quiere ser médico, ingeniero, científico o abogado. Mucho menos se interesan por la cosa política ni en sus implicaciones a partir de la toma de decisiones que nos afectan como sociedad. Usted haga el ejercicio de preguntarle a un niño o a un joven que es lo que quiere hacer en el futuro y le dirá que "youtuber" o "influencer". Se los ve más afanados descargándose Tik Tok que leyendo algún libro, o siquiera, esforzándose por escribir bien en el idioma con el que nacieron.

Siendo así, retomo la cuestión inicial sobre porqué no quiero ser ninguna influencer ¿Vale la pena que la gente hable de mi privacidad, o poner en riesgo mi vida y mi salud por el último "challenge" de moda? ¿Son los incentivos económicos que se les dan a estas personas, motivados por los números que muestran sus redes sociales  solamente, una especie de justificación que valida la sociedad digital del absurdo? Y es del absurdo, porque no se premia ni el talento, ni el trabajo o el compartir contenido relevante lo que prima bajo la lógica del algoritmo. Es el número de vistas, es cuántas veces compartimos este contenido (basura a mi modo de ver) lo que moviliza a estas personas, premiadas a su vez por los cientos de usuarios que viralizan sus contenidos.

Y no me malentiendan. Hay personas haciendo trabajos increíbles en las redes; trabajos que sí conllevan un esfuerzo real, que están más allá de la exposición física y del abuso emocional a la orden de sesconocidos. Son estas las que deberían ser más valoradas. Lo lamentable es que, en la realidad, por cada persona haciendo algo de valor, hay decenas, y hasta cientos, creando contenido innecesario, en una web cada vez más saturada de información que poco importa.

Estas personas se creen casi dioses en el ecosistema digital porque de muchas  formas, saben y entienden que son el reflejo de la sociedad que los consume.

No quiero ser influencer porque no me interesa en estar en los chismes de nadie, ni que gente que no me conoce esté hablando de mi vida. La fama no me llama la atención porque prefiero mantener en el plano de lo personal, mi vida íntima y mis relaciones, porque valoro y respeto mi cuerpo y mi salud (tanto física como emocional) para ser la comidilla de otros, que no tienen ni idea de quién soy o de dónde vengo.

Yo creo más en el poder de las redes sociales como espacios de compartir ideas, de promover causas, de revertir el orden perverso de las cosas. Yo creo más en el poder de las redes sociales como lugares de encuentro, sano debate y discusión, de socialización de temas relevantes, de sano entretenimiento. Las veo (a las redes sociales) hasta como espacios de enorme valor educativo, si así nos lo propusiéramos.

En fin, en tu mano está restarle visibilidad a todo aquello que no nos aporte. Tu poder está en el botón de seguir o de dar like. Aunque no lo creas, estos validan a los personajes que a costa de todo quieren ser famosos, sin responsabilidad, sin muchas veces, medir las consecuencias de lo que hacen o de lo que dicen. Y ahí están muchos, queriendo copiarles una vida falsa que nada tiene que ver con la realidad.

Ojo con eso...