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Cuestionarse el rol de lxs otrxs en los problemas que afrontamos, creyendo que la nuestra es la visión más adecuada de abordar un problema, nos aparta de diversas voces que pueden ofrecernos un punto de vista más amplio e interesante sobre asuntos de evidente complejidad. Y sí, lo digo porque es que hasta yo misma he caído en esta falacia…
Quiero ilustrar mi punto con una frase que he visto rodando en redes sociales estos días. La imagen en cuestión reza (y abro comillas) que [los pobres] “deben cuidarse de tener hijos a los que no están en condiciones de dar una vida digna, salud, educación, alimentación, tiempo y cuidados….” Y pues ajá uno pensaría que el asunto es una cuestión de mero sentido común, porque es que la responsabilidad por un nuevo ser humano requiere un esfuerzo permanente, que además debe ser solventado con recursos de todo tipo (principalmente económicos).
Pero, pillen una cosita bien brevecita. La cuestión de querer solucionar el problema de la pobreza eliminando a lxs pobres a través de un ejercicio de “esterilización”, de control de natalidad o de restricción de su reproducción, es una visión simplista del asunto. La pobreza es una problemática multidimensional que está atravesada por diversas violencias que no se solucionan solamente por no traer más seres en condiciones de pobreza al mundo.
La cuestión de tener o no los recursos económicos para traer a un hijo no es la prerrogativa principal en esto. Lo que está en juego es algo increíblemente más complejo; es decir, un niño nacido en condiciones de riqueza, digamos, en el primer mundo, genera más contaminación y consume más recursos que varios niños “pobres” en el sur global o en los países “sub-desarrollados”. Y pillen que esto es de lo que se habla específicamente. Esto no lo digo ni me lo estoy inventando yo, hay diversos estudios que miden el impacto en la huella de carbono de los habitantes del mundo en diversas partes de éste. Lo que quiero que se entienda es que la capacidad monetaria individual no es un elemento que garantice una infancia que sea compatible con la sostenibilidad del planeta, y que a la vez cumpla con los lineamientos básicos de una vida en dignidad.
Lo otro que me preocupa, es la visión clasista y hasta eugenésica que encuentro en este asunto. Para nadie es un secreto que la pobreza es una cuestión que atraviesa principalmente a las comunidades racializadas del planeta. Sugerir entonces una especie de control de natalidad hacia las comunidades empobrecidas es casi como decir que estas personas no merecen vivir solo porque no tienen dinero para solventar sus condiciones vitales. Lo que podría decirse que es cierto en todo esto, es que el mundo no va a cambiar sus condiciones de desigualdad solo porque nazcan menos “pobres”. Lo que toca hacer es exigir de nuestros líderes políticos y de las personas que gestionan y redistribuyen los recursos, que lo hagan en equidad, transparencia y eficiencia. Si lográramos erradicar, por ejemplo, la corrupción y generar bienestar social a través de una adecuada inversión de los recursos de todos, las brechas de desigualdad y pobreza disminuirían significativamente, y sentaríamos las bases para la gestión de las oportunidades de real ascenso social.
Yo creo firmemente que la visión de querer un mundo mejor, debe estar atravesada por un análisis más concienzudo de las realidades sociales, que en muchos casos, pueden llegar a ser increíblemente más complejas de lo que el “sentido común” dictamina. Mi punto es, que si bien hay decisiones personales que se traspasan al plano de lo político porque determinan cierto nivel de impacto en las diversas problemáticas del mundo, no se puede llegar a simples conclusiones porque parecen las más “lógicas”. Esto puede llegar a ser potencialmente falaz, egocéntrico y carente de toda empatía (vamos, que la empatía lo es todo en este tipo de cosas)
Analizarse uno mismo o una misma, desde su propio cuerpo y experiencia vital como lugar básico y primario de enunciación es el primer paso para entender que el mundo y las experiencias vitales de lxs otrxs, no necesariamente son siquiera parecidas en lo mínimo con las nuestras. Unx podría creer que la solución a X o Y problema es que todxs hagan las mismas cosas que unx hace. Pero resulta que, incluso en el plano de las decisiones políticas personales, hay enredada una cuestión de privilegio, que puede ser más o menos determinante en la adopción de esa determinación específica.
También creo que, hay cosas que se intentan abordar de la manera errónea. Lo que quiero decir es que tal visión de las soluciones (que además puede que estén empañadas por los lentes del privilegio), pueden llegar a ser en extremo violentas. Sobre el tema que aquí nos ocupa, por ejemplo, se han visto casos de esterilizaciones forzadas, violencia obstétrica y demás situaciones problemáticas consecuentes de una visión como esta. La cosa es especialmente grave, puesto que en su mayoría la sufren mujeres, que además, son empobrecidas, y muchas veces, racializadas… les dejaré un par de fuentes al respecto, porque es que el mundo es más difícil de entender de lo que es aparente.
En fin, que las diversas violencias derivadas de la pobreza, no se combaten con “menos pobres”… el camino que toca seguir es largo y arduo y requiere de la suficiente voluntad humana y política que nos garantice las condiciones mínimas de una vida en dignidad. Es de doble moral asumir una postura tan violenta y creer que con ello se salva al mundo. Hey: ¡Pilas con las vainas que dicen! Revisen sus niveles de privilegio y su falta de empatía. Nos pillamo…
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